Cuando una catástrofe como la DANA arrasa decenas de municipios, y te conviertes en una de las personas afectadas, es posible que, con el paso del tiempo, el apoyo social, mediático o institucional disminuya. Sentir rabia, indignación o frustración porque parece que el mundo ha pasado página —y tú no— es una reacción totalmente válida.
Si te sientes identificado/a con estas palabras, y si cada vez que ves noticias, ayudas o reconstrucciones te preguntas por qué ya no se habla de tu pueblo o de tu barrio, #TuEspacioEmocionalDANA ha elaborado este recurso, supervisado por el equipo de psicólogas, para que entiendas las posibles razones de esta emoción.
Desde este espacio queremos que sepas que esta rabia no es un “capricho emocional”: es una señal legítima de que tu mente sigue procesando lo vivido y de que esperabas algo más —reconocimiento, ayuda sostenida, acompañamiento—. Es una emoción real, y no debe ser ignorada ni silenciada.
Antes de continuar, queremos aclarar que este recurso es un primer paso. Te recomendamos que, más allá de comprender lo que sientes, busques apoyo profesional que te acompañe de forma calmada y continuada en tu proceso.
Cuando ocurre una catástrofe natural, la emergencia inicial activa rescates, alojamientos y ayudas inmediatas. Sin embargo, esta atención suele disminuir cuando desaparece el foco mediático. Mientras tanto, las consecuencias materiales, emocionales y sociales permanecen, especialmente si la reconstrucción —de casas, vidas y comunidad— es lenta.
La percepción de que la sociedad, las instituciones o incluso las personas cercanas “se han olvidado” puede intensificar tu malestar. No solo se trata de las pérdidas tangibles, sino también de las simbólicas: sentirte visto/a, acompañado/a, atendido/a. La ausencia —real o percibida— de este apoyo puede alimentar la rabia, la impotencia y la sensación de abandono.
Tras un desastre, las emociones suelen mantenerse activas durante mucho tiempo: miedo, tristeza, culpa, preocupación, irritabilidad… y también rabia. El impacto emocional no depende solo de lo ocurrido aquel día, sino de lo que viene después: cómo se reconstruyen los espacios, si recuperas estabilidad, si te sientes respaldado/a o si, por el contrario, el entorno parece seguir adelante sin tener en cuenta lo que viviste.
Cuando el apoyo social o institucional se reduce, esa falta de acompañamiento puede vivirse como una injusticia emocional. La rabia puede aparecer como señal de cansancio, de saturación, de necesidad de ser atendido/a y reconocido/a. Y, en muchos casos, como una reacción natural ante la sensación de haber afrontado demasiado en soledad.
A veces, incluso cuando hay intervenciones tempranas, estas no llegan de forma suficiente a todas las personas afectadas. Esto puede generar una sensación de vacío, de que no hubo acompañamiento real o de que no se te dio tiempo a asimilar lo ocurrido.
Sentir rabia porque parece que los demás se han olvidado no es irracional. Tu emoción puede estar diciendo:
Esa rabia también puede ser una señal íntima: indica que aún estás procesando, que hay partes de tu experiencia que necesitan espacio, calma, acompañamiento y comunidad.
En salud mental tras emergencias se considera normal sentir emociones intensas y contradictorias después de un desastre. Que estos sentimientos aparezcan incluso mucho tiempo después no significa que “no estás superándolo”. Significa que estás sanando —a tu ritmo— las heridas invisibles.
Al principio, quizá estabas centrado/a en lo urgente: reconstruir, ayudar, resolver lo inmediato. Cuando la vida vuelve a una aparente normalidad, las emociones salen: rabia, tristeza, nostalgia, impotencia… mezcladas y a veces sin aviso. Es parte del proceso humano.
Si te reconoces en estas líneas, si sientes que la rabia brota al pensar que “ya nadie se acuerda”, recuerda: no estás fallando. Estás reaccionando de forma humana ante una pérdida profunda: de hogares, de seguridad, de normalidad, de comunidad.
Tienes derecho a sentir que te han olvidado. Incluso si han pasado semanas, meses o años. Tu dolor, tu rabia y tu historia importan.
Es importante que sepas que sentir rabia no te hace una mala persona ni significa que estés fallando en algo. La rabia es una emoción que surge cuando algo valioso para ti ha sido dañado o perdido.
Desde #TuEspacioEmocionalDANA te invitamos a permitirte sentir, a buscar sostén y a no afrontar este camino en soledad.