Cuando una persona está atravesando un ataque de ansiedad —respiración acelerada, temblor, sensación de ahogo, miedo intenso o miedo a perder el control— puede ser muy angustiante tanto para quien lo sufre como para quien está delante. Si alguna vez te ha pasado que no sabes qué decir, qué hacer o cómo actuar, desde #TuEspacioEmocionalDANA hemos preparado este recurso bajo supervisión experta para que puedas acompañar de forma segura, calmada y respetuosa.

Antes de empezar, recuerda algo esencial: tu papel no es “curar” el ataque de ansiedad, sino acompañar y ofrecer calma. El objetivo es ayudar a que la persona sienta apoyo y seguridad hasta que su cuerpo y su mente vuelvan a regularse.

Lo primero: tu calma ayuda a la suya

La ansiedad intensa provoca una activación muy fuerte del cuerpo. Por eso, si tú mantienes un tono tranquilo, una voz suave y movimientos pausados, estás enviando señales de seguridad. Esto es fundamental y está respaldado por los protocolos de Primeros Auxilios Psicológicos (PAP): calmamos a través de la calma.

Puedes empezar por:

  • acercarte despacio,
  • avisar antes de tocar (si decides hacerlo),
  • hablar con frases cortas y claras.

Ejemplos útiles podrían ser: “Estoy aquí contigo”; “Vamos a ir poco a poco, no hace falta que hagas nada más”.

Si notas que la persona empeora, se desmaya, se hace daño o el episodio no se detiene, no tienes que manejarlo solo o sola. Es muy importante pedir ayuda de inmediato a un adulto o contactar con los servicios sanitarios para que puedan ayudarla de forma segura.

Cómo acompañar durante el ataque de ansiedad

1. Ayuda a la persona a sentir el presente (anclaje o grounding)

Muchas guías internacionales recomiendan técnicas de orientación al presente porque ayudan a reducir la sensación de pérdida de control. Puedes sugerir:

  • notar sus pies en el suelo,
  • tocar una superficie fría,
  • mirar a su alrededor y nombrar objetos o colores,
  • describir algo que esté pasando en ese momento.

No tienes que forzar nada, solo ofrecer una forma de “aterrizar”.

2. Acompaña la respiración, pero sin obligar

No siempre es útil decir “respira hondo”. Durante un ataque de ansiedad, eso puede generar más presión. En su lugar, puedes:

  • respirar tú de manera lenta y visible,
  • invitar a acompañar tu ritmo sin imponerlo,
  • usar respiraciones cortas y suaves, como inhalar 2 segundos y exhalar 4.

La exhalación más larga ayuda al sistema nervioso a relajarse, según múltiples protocolos de regulación emocional (Zaccaro et al., 2018; Jerath et al., 2006).

3. Ofrece frases que aporten seguridad, no soluciones

Evita frases como “tranquilízate”, “no es para tanto” o “no te va a pasar nada”. Aunque sean bien intencionadas, pueden invalidar lo que siente la persona.

Cambia eso por mensajes que transmitan acompañamiento:

  • “Lo que sientes es intenso, pero va a pasar”.
  • “Estoy contigo todo el rato”.
  • “No tienes que hacerlo perfecto, solo vamos poco a poco”.

Este tipo de comunicación está recomendada en guías de apoyo emocional inmediato porque reduce la sensación de soledad y amenaza.

4. Mantén el espacio seguro

Un ataque de ansiedad puede intensificarse con ruido, interrupciones o miradas curiosas. Si estás en un lugar público:

  • acompaña a la persona a un espacio más tranquilo,
  • colocaos en un sitio donde pueda sentarse,
  • ofrece agua si es apropiado.

No hace falta preguntar demasiado ni pedir explicaciones. El objetivo es reducir estímulos y aumentar la sensación de protección.

Después del ataque de ansiedad

Cuando la respiración se regule y la persona empiece a encontrarse un poco mejor, es normal que se sienta agotada o avergonzada. Puedes ayudar mucho si:

  • validas lo que ha vivido (“has pasado por algo muy difícil y aun así lo has manejado como has podido”),
  • preguntas qué necesita,
  • si procede, animas a que busque apoyo profesional si los ataques son frecuentes o afectan a su día a día.

No intentes analizar las causas del ataque en ese momento: según los enfoques de primeros auxilios psicológicos, el análisis se hace después, nunca durante ni justo al finalizar.

Cuidarte tú también es importante

Acompañar un ataque de ansiedad puede activarte o generar tensión. Tomarte unos minutos después para respirar, estirarte o hablar con alguien de confianza también forma parte del acompañamiento responsable.

Ayudar a alguien durante un ataque de ansiedad no consiste en tener respuestas perfectas, sino en ofrecer presencia, calma y humanidad. Si mantienes esa actitud, ya estás haciendo muchísimo.

Debemos evitar que jóvenes muy empáticos y comprometidos carguen con el papel de “cuidador emocional”. Cuidar también implica saber poner límites y pedir ayuda adulta cuando la situación lo supera.

Desde #TuEspacioEmocionalDANA queremos recordarte que acompañar no significa cargar con todo. Tu papel es valioso, pero no sustituye al de profesionales especializados. Aun así, tu apoyo puede marcar una diferencia real en cómo la otra persona vive ese momento.