Hablar de emociones no siempre es fácil. Mucha gente tiene miedo a “ser una carga”, a que los demás no entiendan lo que sienten o a no saber explicarlo. Si un amigo, una amiga o alguien de tu entorno quiere abrirse contigo, tu papel no es solucionar su vida, sino crear un espacio donde pueda expresarse sin miedo a ser juzgado/a. Acompañar ya es ayudar.

Lo primero es transmitir seguridad. Mantén una actitud cercana, sin prisa, sin interrupciones. Frases sencillas como:

  • “Si quieres, puedes contarme cómo te sientes”.
  • “Estoy aquí para escucharte”.
  • “Tómate tu tiempo”.

Cómo acompañar mientras la persona expresa lo que siente

1. Ayuda a la persona a sentir el presente (anclaje o grounding)

Muchas guías internacionales recomiendan técnicas de orientación al presente porque ayudan a reducir la sensación de pérdida de control. Puedes sugerir:

  • notar sus pies en el suelo,
  • tocar una superficie fría,
  • mirar a su alrededor y nombrar objetos o colores,
  • describir algo que esté pasando en ese momento.

No tienes que forzar nada, solo ofrecer una forma de “aterrizar”.

2. Acompaña la respiración, pero sin obligar

No siempre es útil decir “respira hondo”. Durante un ataque de ansiedad, eso puede generar más presión. En su lugar, puedes:

  • respirar tú de manera lenta y visible,
  • invitar a acompañar tu ritmo sin imponerlo,
  • usar respiraciones cortas y suaves, como inhalar 2 segundos y exhalar 4.

La exhalación más larga ayuda al sistema nervioso a relajarse, según múltiples protocolos de regulación emocional (Zaccaro et al., 2018; Jerath et al., 2006).

3. Ofrece frases que aporten seguridad, no soluciones

Evita frases como “tranquilízate”, “no es para tanto” o “no te va a pasar nada”. Aunque sean bien intencionadas, pueden invalidar lo que siente la persona.

Cambia eso por mensajes que transmitan acompañamiento:

  • “Lo que sientes es intenso, pero va a pasar”.
  • “Estoy contigo todo el rato”.
  • “No tienes que hacerlo perfecto, solo vamos poco a poco”.

Este tipo de comunicación está recomendada en guías de apoyo emocional inmediato porque reduce la sensación de soledad y amenaza.

4. Mantén el espacio seguro

Un ataque de ansiedad puede intensificarse con ruido, interrupciones o miradas curiosas. Si estás en un lugar público:

  • acompaña a la persona a un espacio más tranquilo,
  • colocaos en un sitio donde pueda sentarse,
  • ofrece agua si es apropiado.

No hace falta preguntar demasiado ni pedir explicaciones. El objetivo es reducir estímulos y aumentar la sensación de protección.

Después del ataque de ansiedad

Cuando la respiración se regule y la persona empiece a encontrarse un poco mejor, es normal que se sienta agotada o avergonzada. Puedes ayudar mucho si:

  • validas lo que ha vivido (“has pasado por algo muy difícil y aun así lo has manejado como has podido”),
  • preguntas qué necesita,
  • si procede, animas a que busque apoyo profesional si los ataques son frecuentes o afectan a su día a día.

No intentes analizar las causas del ataque en ese momento: según los enfoques de primeros auxilios psicológicos, el análisis se hace después, nunca durante ni justo al finalizar.